Presagio

Parpadeo. Un bosque rojo se alza a mi alrededor, con sus largos troncos carmesíes irguiéndose sobre la tierra como venas hinchadas por la sangre. El aliento del ocaso azota sobre mi rostro, haciéndome asomar la mirada sobre el horizonte. Contemplo un sol blanco entremetido en el difuso velo de las nubes, como el fantasma de una estrella moribunda sobre este sitio inhóspito e inalcanzable para aquellos que no pueden cruzar más allá de las sombras.

Por ello, me recuerdo a mí mismo que mi corazón dejará de latir si no me doy prisa; éste no es sitio para los que todavía estamos vivos, y las almas que se asoman entre la maleza como luces difusas son la prueba.

Mis pies aceleran, abriéndome paso entre abundantes hierbas que se mimetizan con el color del suelo y los árboles; parece como si este sitio hubiese sido el escenario de una larga y monstruosa batalla, puesto que todo tiene el color de la sangre.

Finalmente, llego hasta un claro que se abre en el bosque, donde el cielo turquesa por fin me deja ver cómo sus negras estrellas pululan sobre las copas de los árboles. Al verme en este ágora místico, mis labios murmuran. La invocación nace de mi boca como un río y la helada sensación de la vida siendo absorbida de mis venas eriza los vellos de mi nuca. Me enfrío. El tiempo se me acaba.

—¿Qué has venido a buscar? —me pregunta una voz que parece romperse en miles. Miro a mis espaldas y veo a una criatura yaciendo a la orilla del claro, tan sólo observándome impávidamente mientras su vestido ondea sobre la hierba rojiza. Uno de sus ojos está velado por una delgada capa de niebla, mientras que el resplandor azulado de su piel traslúcida me revela su origen fantasmal.

—Un presagio —respondo firmemente, abriendo un poco el compás de mis piernas para no tambalearme por la debilidad que azota mi cuerpo.

—¿Un hechicero como tú ha venido a buscar un presagio? —replica ella—. ¿No es precisamente por tus poderes que otros vivos acuden a tu lado?

—¿Y qué va a saber un ser de carne y hueso sobre aquello que sólo puede revelarse ante los muertos?

Ella me mira inquisitivamente, lo que me extraña, ya que vine aquí suponiendo que las emociones eran cosa de vivos. Finalmente, esa ánima termina por asentir muy despacio, mientras un libro se materializa entre sus fantasmales dedos. El vientre de las páginas, tan amarillento como las ropas de esta criatura, empieza a hundirse. Un cuadro, profundo y oscuro como un pozo se asoma en la superficie, escupiendo humo que poco a poco se vuelve una ventana al futuro.

El presagio nace ante mis ojos, pero yo sólo contemplo fijamente aquel abismo del que brota el humo. Estoy seguro que ese hueco lleva a un sitio mucho más lejano que aquel a donde llegan los muertos. Un escalofrío me parte la columna al pensar en qué sitio podría ser ese. (…)


La anterior narración está inspirada en una de mis obras artísticas, titulada “Presagio”. Este fragmento fue extraído del diario personal de un inusual y desconocido viajero. Día con día, este trotador se ha dedicado a escribir las extraordinarias situaciones que su naturaleza mística le ha obligado a presenciar. Algunas de estas experiencias son fascinantes, otras son tan aterradoras que él, en su vasta desesperación, ha deseado que la tinta y las letras se las lleven de su memoria para desaparecerlas para siempre en el papel.  Yo tan sólo me he robado una parte de su vida para ofrecerla al lector.

Presagio

Presagio | Mariana Palova (c) 2016
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