¿Por qué decidí autopublicarme?

La cosa comenzó así: una madrugada de Septiembre de 2015, ahogadísima en desesperación y escuchando una y otra vez White Owl, empecé a escribir el libro que no sólo se dedicó a contar una historia, sino a despedazarme por dentro hasta el punto de hacerme sentir que había nacido otra vez. Que yo era algo mucho más que la suma de todas mis partes.

E, increíblemente, di el último teclazo de este monstruo en Febrero de 2016. Un tiempo bastante corto considerando que el primer borrador consistía en nada más que 600 páginas atascadas de huecos narrativos, redacción mal estructurada, deshilacho de ideas, escenas sobrantes, regionalismos (con los que sigo manteniendo una lucha encarnizada) y muchísimos detalles ortográficos que, a pesar de todo su horror, aun tenían mi corazón clavado en todas y cada una de las ciento cuarenta y cinco mil palabras de esa historia.

Sea como sea, consideré que aquella criatura que había parido estaba lo bastante decente para enviársela a una editorial para que la revisara, a ver si les interesaba. El contacto e información de dicha editorial me los reservo, porque obviamente, en este mundo tan reducido como las casas editoriales mexicanas hay que ser idiota para echar de cabeza a la gente. Uno nunca sabe cuándo le saldrá el tiro por la culata y será catalogado como el autor más pretencioso de la historia humana.

En fin. Recibieron el manuscrito por inicios de abril, más o menos, y la idea era que le dieran una revisada para darme respuesta de Agosto a Septiembre para avisarme si se iba a publicar o no. Claro, yo estaba hiper emocionada con la idea: una editorial iba a revisar mi trabajo, a mi pobre monstruo de tres cabezas.

Creo que no es necesario decirles que gracias a esto, lejos de estar feliz por la oportunidad, pasé los cinco meses más infernales de mi vida. El delicioso proceso que fue para mí el ponerme a escribir mi historia se vio acribillado a diestra y siniestra por la incertidumbre, la maldita y traicionera incertidumbre disfrazada de expectación.

Y vamos, es que yo no sabía que cinco meses para revisar un manuscrito era DEMASIADO tiempo. Pero ese no era el único problema: también, gracias a mi inexperiencia, acordé no pasarle el manuscrito a ninguna otra editorial hasta que ellos me dieran su dictámen. Y obvio, tampoco sabía que esto no me convenía en absoluto. Que estaba desperdiciando un tiempo valiosísimo, y no sólo de trabajo, sino de mi propia salud mental.

No les voy a mentir, a pesar de que aproveché esos cinco meses para seguir corrigiendo y de paso, escribir 140 páginas para el segundo libro, fue demasiado frustrante el no poder hacer nada con mi manuscrito. No poder buscarle una oportunidad en otro sitio, ni siquiera empezar a optar por planes de autopublicación… nada. Estaba varada y obligada, por cinco meses, a darle la cara a mi libro todos los días, dejándolo empolvarse a él y a todo el mundo que había creado en vez de tratar de sacarlo a la luz y darle una oportunidad de respirar, de encontrarle un lugar en alguna manada de hambrientos lectores que quisieran devorarlo, ya fuese que les encantase o les provocase digestión.

Y esto me desanimó bastante. Empece a comer por la ansiedad, a ponerme de mal humor, a dormir muy poco; me descuidé y todo para que al final… no hubiera acuerdo con la editorial. Y no porque apunté demasiado alto, pero si no iba a haber una remuneración decente por mi trabajo y ni siquiera una garantía de publicar los siguientes tomos de la historia (cosa que mataba toda expectativa que yo tenía de sacar la saga decentemente) entonces no valía la pena.

Ese día, cuando el NO fue definitivo, me enfermé de gripa y me tumbé en la cama por un largo rato. Y vaya, tenía bastante que no me enfermaba de esa manera; hasta tuve que faltar al trabajo porque tenía casi un año dedicandole desvelos, teclas rotas y suspiros a mi libro, así que por fin, mis energías tocaron su límite. La decepción se había llevado mis últimas fuerzas.

Unas cuantas semanas después, fue momento de levantarme y tomar más decisiones. Mis personas allegadas me sugirieron que intentase con otra editorial, que mi historia valía la pena y que de seguro me la considerarían, pero la verdad es que yo ya no estoy dispuesta a esperar otros cinco meses agónicos por un sí o un no. A no ver mi proyecto crecer y por fin, empezar mi sueño de parir mi historia con todas las letras.

Me dije a mí misma que había que hacer las cosas por mi cuenta, porque bien dice el manifiesto de los escritores que sólo quieren escribir: “No tengo que ser famoso ni haber publicado. Para ser escritor sólo necesito escribir.”

¿Que si aún quiero ser publicada por una editorial? Por supuesto, porque yo sólo quiero dedicarme a escribir, no a romperme la cabeza con lo demás, pero tampoco quiero guardar mi libro en un rincón de mis libretas y discos duros para que al final me arrepienta de haber esperado demasiado y no haberle dado una oportunidad.

La Nación de las Bestias tiene que salir a la luz porque ya me duelen las entrañas de tanto que patea para nacer. Porque tengo una historia que quiero contar, un mundo que quiero enterrarte en los huesos o aunque sea, sacudirte un poco las pestañas.

No quiero ser la siguiente Rowling. Quiero que deje de doler el tener esos sueños allí, encerrados y opacados por mis miedos e inseguridades; por la necesidad de un mercado que cree que ser publicado por una editorial es sinónimo de calidad. Quiero que todo lo que tengan que decir, que sea dicho ya y, sobre todo, que me hagan muy, muy orgullosa por el simple hecho de que nunca les di la espalda.

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15 comentarios sobre “¿Por qué decidí autopublicarme?

  1. Enhorabuena por esa decisión, Mariana. Es muy triste que las editoriales cada vez apuesten menos por autores noveles, y sólo publiquen historias mediocres de gente famosa. Mientras tanto, la gente con talento se tiene que ver sometida a otros medios.
    Espero de verdad que alguna editorial se haga eco de tu criatura y apueste por ti 🙂
    Un abrazo.

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