Devorador de Lotos

(2013)

Hace muchos, muchos años, cuando apenas comenzaba el tiempo, había un bellísimo Loto que yacía solo en un estanque de oscuridad, situado en un perdido espacio del universo que aún estaba vacío, sin luz ni vida.

Cuando lo deseaba, la flor se abría con fuerza para dejar brotar de sus entrañas sinfín de estrellas y luces, puesto que el brillo de éstas le traía felicidad y compañía en medio del solitario estanque, aun cuando estas criaturas morían instantes después de haber nacido, desapareciendo y dejando un rastro de resplandor difuso.

Cierto día, y después de que el Loto acabase de expulsar un enorme halo de estrellas, un extraño ente gigantesco, hecho de Lunas y nebulosas de miles de colores, se le acercó. El Loto se percató de que el extravagante ser tenía en su interior un agujero que succionaba todo a su paso, comiéndose el rastro de luz que había dejado su místico espectáculo.

Aquel ser era tan indescriptiblemente bello que el Loto se quedó prendado de él, de su cercanía y su voracidad. Empezó a expulsar estrellas cada vez que le era posible, viendo que la extraña criatura permanecía a su lado para poder devorarlas.El Devorador se quedó largo tiempo junto al Loto al tiempo que el universo se formaba, puesto que la mística planta hacía lo posible por expulsar las estrellas de su interior la mayor cantidad de veces posibles, ya que así podía mantener a la criatura cerca de él evitando que se fuese a buscar otras fuentes de alimento.

Con el caminar de los siglos, el Loto comenzó a morir, siendo incapaz de seguir manteniendo el apetito del ser que cada vez le consumía más y más. Ahogado en tristeza, supo que su vida terminaría muy pronto y con ella, el hermoso ser se alejaría para siempre de su lado.

Decidido, el Loto se contrajo con todas sus fuerzas hasta parecer un pequeño punto en el espacio. Después, se abrió magníficamente, expulsando de su ser millones de estrellas y cometas que volaron a través de todo el universo. Creó constelaciones, planetas, estrellas gigantes y fugaces al mismo tiempo que consumía hasta la última partícula de su propio ser, impregnando en esas nuevas creaciones una vida tan larga que duraría milenios.

El Devorador, siempre hambriento, se fue en busca de aquellas estrellas para seguir alimentándose con su resplandor. El Loto sabía bien que el número era tan infinito como el amor que tenía por el ser hecho de Lunas, por lo que su amado jamás moriría de hambre. A medida que lo veía alejarse, el Loto volvió a contraerse y, en un parpadear, estalló, repartiéndose en cientos de brazos de luces y estrellas, formando lo que ahora es nuestra galaxia.

Las semillas del Loto, aquellas estrellas milenarias, sobreviven hoy en día en nuestros cielos, manteniendo en sus entrañas aquel amor que su creador tenía por el Devorador de Lotos e inspirando a los hombres desde la lejanía de la noche, tan sólo aguardando a cumplir su promesa inmortal.

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Cosecha Inusual

Y he aquí el último fragmento de Odisea por cinco tierras y una noche, serie de relatos que escribí inspirándome en cinco obras artísticas mías. Espero hayan disfrutado el viaje, que pronto vendrán más.

-VEN…

Me susurra aquella reina benevolente para después dirigirse flotando hacia la espesura del bosque. Trago saliva a la par que distingo las rojas sedas de su ropaje diluirse entre los árboles, creando un espectro al que debo seguir si es que no quiero perderme en este lejano paraje.

La oscuridad es densa y el cansancio está adormeciendo mis músculos, los cuales ruegan por un minuto de reposo. Un descanso que no me puedo permitir aún,no hasta que tenga un ingrediente más.

Un presagio, una máscara, fertilidad y un hechizo… tan sólo me hace falta una semilla. Agito la cabeza de un lado a otro y emprendo la marcha, trotando sobre mi propia voluntad para no tirarme sobre la mullida hierba a sumirme en un sueño que, en este lugar, sé que podría volverse eterno.

Suspiro. Ha sido una noche muy, muy larga.

Cuando creo que he perdido al fantasma carmesí entre la maleza, la corona resplandece a lo lejos como un faro. Me muevo rápidamente y veo a la emperatriz inclinarse sobre una hierba que sobresale del resto de sus semejantes; de pronto, es como ver al Sol asomándose sobre un bosque minimalista para dar un beso a la Luna.

Sus manos rodean a la semilla, la cual crea un brillo blanquecino que es acogido por sus palmasy que acunan esa luz como si fuese agua. La reina me llama por mi nombre y yo me acerco para recibir el regalo, sintiéndome inmediatamente transformado al tenerlo entre mis dedos. Vuelvo a tener esperanza.

Y ahora sólo resta volver a casa. A él. Y para eso, falta todavía un largo camino.

A unusual harvest

Y sigo soñando.

Odisea por cinco tierras y una noche, 4/5.

No puedo decir con exactitud cuántas criaturas extraordinarias he visto en mi vida, pero sí puedo asegurar que ésta es una de las más peculiares con las que he tenido la fortuna de encontrarme. Ella menea su cabeza suavemente de un lado a otro, haciendo una alusión al viento para que sus ramas no se entristezcan al sentirse encerradas en estas paredes. También ha tenido la generosidad de regalarles una luna y unos cuantos pájaros, pero hay seres que simplemente son muy desagradecidos, por lo que esas hojas malcriadas terminan por oscurecerse, borrando todo rastro de verdor para castigarla.

—¿Eso es todo lo que necesitas, pequeño? —me cuestiona ella dulcemente sin siquiera mover los labios, ya que ha sido su mirada triste la que me ha hecho la pregunta.

Aprieto los labios tímidamente y niego, a lo que ella hace un esfuerzo por sonreír que termina muriendo a medio camino. Sus alas se mueven un poco detrás de su espalda, cayéndose a pedazos como si estuviesen hechas de papel húmedo y perdiendo así, otra parte de sus recuerdos.

Siento una pena terrible y me remuevo un poco sobre mi nube, tratando de deshacerme de esa incomodidad que me ataca cuando recuerdo lo poco que puedo hacer por estas criaturas… que aun cuando moriría por llevarme conmigo a casos como ella, sé que no por nada están destinados a esta larga soledad.

La criatura finalmente termina de escribir y arranca la hoja, cuyo sonido al romperse me catapulta la barbilla.Extiende el papel y lo tomo, para después clavar mi mirada fijamente en aquellas letras carmesíes.

—Sigue soñando, muchacho —la escucho decir, ahora sí abriendo los labios—. Estás muy cerca.

Me levanto de mi nube y camino hacia ella. A pesar de que yace sentada, necesito ponerme de puntillas y estirar el brazo para alcanzar su escalera. Con la punta de mi dedo índice le doy una caricia a la luna que lleva en la garganta, a lo que ella, finalmente, sonríe.

Y sigo sonando

Naturaleza Alusiva

Odisea por cinco tierras y una noche, 3/5


Me siento mareado.La cacería pasada fue compleja, la pelea demasiado larga… y el camino hasta aquí, extremadamente caliente. Por momentos, me pregunto si no he dado una vuelta equivocada o si he entrado por una puerta errónea para terminar en el infierno por equivocación.

Pero al ver de nuevo el sereno rostro de la criatura delante de mí, me convenzo por milésima vez que llegué al sitio correcto; y es que no podía encontrar a la madre tierra en otro lugar que no fuese el centro de la tierra misma, por lo que, asediado por un calor insoportable, termino desprendiéndome de mi sucio ropaje.

Aún semidesnudo y jadeante, la criatura frente a mí sigue tomándose su tiempo. Pero por más desesperado que esté porque me otorgue el fruto de sus vientres y por escapar de este sitio tan candente, no tengo corazón para apresurarla. Debe ser doloroso para una madre desprenderse de sus pequeños. Y en este caso, el dolor debe ser más físico que emocional, por lo que termino echándome al suelo —igual de malditamente caliente— para esperar pacientemente al parto.

Y, finalmente, ella me entrega su humilde tributo. Consciente de mi larga travesía y mi propósito, ella me extiende una pequeña porción de tierra, dejando uno de sus vientres totalmente vacío.

Pero cometo mi primer error, porque en cuanto aquel montículo de fértil tierra se deposita en mis manos, empieza a crecer, y a crecer, y a crecer. En pocos minutos mis pies quedan totalmente cubiertos al igual que la superficie de este lugar, mientras ella extiende los brazos sobre su cabeza, echando su larga cabellera de ramas hacia atrás y haciendo alusión a la figura más arcaica de la naturaleza.

Sus pies se vuelven raíces y se extienden debajo de mí hasta ver cómo ella perece ante mis ojos, transformándose en un árbol que, con su fallecimiento, me brinda el preciado regalo que he venido a buscar.

Naturaleza Alusiva

El Impostor

Segundo relato de “Odisea por cinco tierras y una noche”. Espero les guste. Y como siempre, este relato viene acompañado de su obra alusiva.

Pasa justo sobre mi cabeza. No la he podido ver con claridad, pero sé que se trata de la barca. Mi cuello vira hacia la silueta difusa mientras mis oídos se concentran en escuchar el suave aleteo que pretende convertirse en un murmullo distante. La gente común suele ser fácilmente engañada por aquel ruido, confundiéndolo de inmediato con el soplo del viento al no poder ver al ente que surca los cielos, mimetizándose con la oscuridad nocturna gracias al hechizo que carga en la parte trasera de la barca. Continuar leyendo “El Impostor”

Cuello Grande

Esta vez les traigo un cuento, ya bastante viejo. Como suele ser mi costumbre (una disculpa) fue inspirado por “Cuello Grande”, una pieza que formaba parte de mi primera exposición artística: “El diario del Decapitolio”, llevada a cabo en el 2008. Dejé el relato tal y como lo encontré en una página de mis cuadernos de bocetos de aquel entonces, por lo que, si hay alguna rareza narrativa, espero sea culpa de la inexperiencia e inmadurez de aquellos tiempos.


CUELLO GRANDE

Me detuve un momento a descansar en una pequeña banca; ese día cargaba conmigo el libro en donde escribía mis memorias, así que decidí aprovechar para usarlo un rato. Había estado toda la mañana recorriendo el zoológico, tomando notas y tratando de inspirarme.

Continuar leyendo “Cuello Grande”

Presagio

Parpadeo. Un bosque rojo se alza a mi alrededor, con sus largos troncos carmesíes irguiéndose sobre la tierra como venas hinchadas por la sangre. El aliento del ocaso azota sobre mi rostro, haciéndome asomar la mirada sobre el horizonte. Contemplo un sol blanco entremetido en el difuso velo de las nubes, como el fantasma de una estrella moribunda sobre este sitio inhóspito e inalcanzable para aquellos que no pueden cruzar más allá de las sombras.

Por ello, me recuerdo a mí mismo que mi corazón dejará de latir si no me doy prisa; éste no es sitio para los que todavía estamos vivos, y las almas que se asoman entre la maleza como luces difusas son la prueba.

Mis pies aceleran, abriéndome paso entre abundantes hierbas que se mimetizan con el color del suelo y los árboles; parece como si este sitio hubiese sido el escenario de una larga y monstruosa batalla, puesto que todo tiene el color de la sangre.

Finalmente, llego hasta un claro que se abre en el bosque, donde el cielo turquesa por fin me deja ver cómo sus negras estrellas pululan sobre las copas de los árboles. Al verme en este ágora místico, mis labios murmuran. La invocación nace de mi boca como un río y la helada sensación de la vida siendo absorbida de mis venas eriza los vellos de mi nuca. Me enfrío. El tiempo se me acaba.

—¿Qué has venido a buscar? —me pregunta una voz que parece romperse en miles. Miro a mis espaldas y veo a una criatura yaciendo a la orilla del claro, tan sólo observándome impávidamente mientras su vestido ondea sobre la hierba rojiza. Uno de sus ojos está velado por una delgada capa de niebla, mientras que el resplandor azulado de su piel traslúcida me revela su origen fantasmal.

—Un presagio —respondo firmemente, abriendo un poco el compás de mis piernas para no tambalearme por la debilidad que azota mi cuerpo.

—¿Un hechicero como tú ha venido a buscar un presagio? —replica ella—. ¿No es precisamente por tus poderes que otros vivos acuden a tu lado?

—¿Y qué va a saber un ser de carne y hueso sobre aquello que sólo puede revelarse ante los muertos?

Ella me mira inquisitivamente, lo que me extraña, ya que vine aquí suponiendo que las emociones eran cosa de vivos. Finalmente, esa ánima termina por asentir muy despacio, mientras un libro se materializa entre sus fantasmales dedos. El vientre de las páginas, tan amarillento como las ropas de esta criatura, empieza a hundirse. Un cuadro, profundo y oscuro como un pozo se asoma en la superficie, escupiendo humo que poco a poco se vuelve una ventana al futuro.

El presagio nace ante mis ojos, pero yo sólo contemplo fijamente aquel abismo del que brota el humo. Estoy seguro que ese hueco lleva a un sitio mucho más lejano que aquel a donde llegan los muertos. Un escalofrío me parte la columna al pensar en qué sitio podría ser ese. (…)


La anterior narración está inspirada en una de mis obras artísticas, titulada “Presagio”. Este fragmento fue extraído del diario personal de un inusual y desconocido viajero. Día con día, este trotador se ha dedicado a escribir las extraordinarias situaciones que su naturaleza mística le ha obligado a presenciar. Algunas de estas experiencias son fascinantes, otras son tan aterradoras que él, en su vasta desesperación, ha deseado que la tinta y las letras se las lleven de su memoria para desaparecerlas para siempre en el papel.  Yo tan sólo me he robado una parte de su vida para ofrecerla al lector.

Presagio

Presagio | Mariana Palova (c) 2016