Entrevista

¡Saludos a todos! Esta entrada es para compartirles una enorme felicidad: me han hecho mi primera entrevista como escritora. ¡Estoy que no me la creo! Aún no me cabe en la cabeza cómo es que he podido ganarme el apoyo de la gente de esta manera, todo ha sido tan maravilloso que no puedo hacer menos que estar eternamente agradecida.

La entrevista viene de la mano del blog literario Trance de Letras, y la entrevista van a poder encontrarla dando click en la siguiente imagen:

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La entrevista se hizo gracias a un proyecto que Trance de Letras, junto con otros blogs, han creado en conmemoración al mes patrio: #EspecialPatrióticoMx

Este especial ha sido creado para difundir el trabajo de los escritores mexicanos, así que es un tremendo honor para mí ser parte de él. Quiero agradecerle infinitamente a Annie, la autora del blog, por esta maravillosa oportunidad y por empezar a abrirme un campito en los lectores. Les recomiendo mucho que conozcan su espacio, hay mucho que ver y disfrutar para los amantes de la lectura.

Y mañana, vendré a darles otra sorpresa, así que nos estamos escribiendo 🙂

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¿Por qué decidí autopublicarme?

La cosa comenzó así: una madrugada de Septiembre de 2015, ahogadísima en desesperación y escuchando una y otra vez White Owl, empecé a escribir el libro que no sólo se dedicó a contar una historia, sino a despedazarme por dentro hasta el punto de hacerme sentir que había nacido otra vez. Que yo era algo mucho más que la suma de todas mis partes.

E, increíblemente, di el último teclazo de este monstruo en Febrero de 2016. Un tiempo bastante corto considerando que el primer borrador consistía en nada más que 600 páginas atascadas de huecos narrativos, redacción mal estructurada, deshilacho de ideas, escenas sobrantes, regionalismos (con los que sigo manteniendo una lucha encarnizada) y muchísimos detalles ortográficos que, a pesar de todo su horror, aun tenían mi corazón clavado en todas y cada una de las ciento cuarenta y cinco mil palabras de esa historia.

Sea como sea, consideré que aquella criatura que había parido estaba lo bastante decente para enviársela a una editorial para que la revisara, a ver si les interesaba. El contacto e información de dicha editorial me los reservo, porque obviamente, en este mundo tan reducido como las casas editoriales mexicanas hay que ser idiota para echar de cabeza a la gente. Uno nunca sabe cuándo le saldrá el tiro por la culata y será catalogado como el autor más pretencioso de la historia humana.

En fin. Recibieron el manuscrito por inicios de abril, más o menos, y la idea era que le dieran una revisada para darme respuesta de Agosto a Septiembre para avisarme si se iba a publicar o no. Claro, yo estaba hiper emocionada con la idea: una editorial iba a revisar mi trabajo, a mi pobre monstruo de tres cabezas.

Creo que no es necesario decirles que gracias a esto, lejos de estar feliz por la oportunidad, pasé los cinco meses más infernales de mi vida. El delicioso proceso que fue para mí el ponerme a escribir mi historia se vio acribillado a diestra y siniestra por la incertidumbre, la maldita y traicionera incertidumbre disfrazada de expectación.

Y vamos, es que yo no sabía que cinco meses para revisar un manuscrito era DEMASIADO tiempo. Pero ese no era el único problema: también, gracias a mi inexperiencia, acordé no pasarle el manuscrito a ninguna otra editorial hasta que ellos me dieran su dictámen. Y obvio, tampoco sabía que esto no me convenía en absoluto. Que estaba desperdiciando un tiempo valiosísimo, y no sólo de trabajo, sino de mi propia salud mental.

No les voy a mentir, a pesar de que aproveché esos cinco meses para seguir corrigiendo y de paso, escribir 140 páginas para el segundo libro, fue demasiado frustrante el no poder hacer nada con mi manuscrito. No poder buscarle una oportunidad en otro sitio, ni siquiera empezar a optar por planes de autopublicación… nada. Estaba varada y obligada, por cinco meses, a darle la cara a mi libro todos los días, dejándolo empolvarse a él y a todo el mundo que había creado en vez de tratar de sacarlo a la luz y darle una oportunidad de respirar, de encontrarle un lugar en alguna manada de hambrientos lectores que quisieran devorarlo, ya fuese que les encantase o les provocase digestión.

Y esto me desanimó bastante. Empece a comer por la ansiedad, a ponerme de mal humor, a dormir muy poco; me descuidé y todo para que al final… no hubiera acuerdo con la editorial. Y no porque apunté demasiado alto, pero si no iba a haber una remuneración decente por mi trabajo y ni siquiera una garantía de publicar los siguientes tomos de la historia (cosa que mataba toda expectativa que yo tenía de sacar la saga decentemente) entonces no valía la pena.

Ese día, cuando el NO fue definitivo, me enfermé de gripa y me tumbé en la cama por un largo rato. Y vaya, tenía bastante que no me enfermaba de esa manera; hasta tuve que faltar al trabajo porque tenía casi un año dedicandole desvelos, teclas rotas y suspiros a mi libro, así que por fin, mis energías tocaron su límite. La decepción se había llevado mis últimas fuerzas.

Unas cuantas semanas después, fue momento de levantarme y tomar más decisiones. Mis personas allegadas me sugirieron que intentase con otra editorial, que mi historia valía la pena y que de seguro me la considerarían, pero la verdad es que yo ya no estoy dispuesta a esperar otros cinco meses agónicos por un sí o un no. A no ver mi proyecto crecer y por fin, empezar mi sueño de parir mi historia con todas las letras.

Me dije a mí misma que había que hacer las cosas por mi cuenta, porque bien dice el manifiesto de los escritores que sólo quieren escribir: “No tengo que ser famoso ni haber publicado. Para ser escritor sólo necesito escribir.”

¿Que si aún quiero ser publicada por una editorial? Por supuesto, porque yo sólo quiero dedicarme a escribir, no a romperme la cabeza con lo demás, pero tampoco quiero guardar mi libro en un rincón de mis libretas y discos duros para que al final me arrepienta de haber esperado demasiado y no haberle dado una oportunidad.

La Nación de las Bestias tiene que salir a la luz porque ya me duelen las entrañas de tanto que patea para nacer. Porque tengo una historia que quiero contar, un mundo que quiero enterrarte en los huesos o aunque sea, sacudirte un poco las pestañas.

No quiero ser la siguiente Rowling. Quiero que deje de doler el tener esos sueños allí, encerrados y opacados por mis miedos e inseguridades; por la necesidad de un mercado que cree que ser publicado por una editorial es sinónimo de calidad. Quiero que todo lo que tengan que decir, que sea dicho ya y, sobre todo, que me hagan muy, muy orgullosa por el simple hecho de que nunca les di la espalda.

¡Bienvenidos!

Antes que nada, muchas gracias por pasarte a nuestro mundo. Hoy es el día en el que lanzamos oficialmente el sitio web de esta saga, así que todo el team y yo estamos más que felices.

Me presento: Soy Mariana Palova, tengo 26 años y soy una artista y diseñadora gráfica mexicana nacida en Jalisco, pero que ha estado casi toda su vida en Aguascalientes. El año pasado, decidí darme un respiro de mis obras visuales para darle vida a un sueño que he tenido desde hace bastante tiempo: convertirme en escritora.

La Nación de las Bestias es mi primer proyecto formal, una pócima creada en el caldero de la ficción a la que le he agregado piel y colmillos, litros de magia (tanto maravillosa como brutal), varias masas de terror y una pizca muy sutil de romance inusual.

Estoy muy feliz (y un poco temerosa, también) por abrir las puertas a mi mundo. A esta historia cuyos personajes han nacido de mis venas más arraigadas.

Te invito a que conozcas la reseña oficial de la historia, a que explores nuestra creciente galería, a empaparte los oídos con las playlist y, sobre todo, a prepararte para entrar a una Nación que te arrancará hasta los huesos.

Sólo quiero pedirte un favor: compártenos. La Nación de las Bestias es un proyecto autopublicado, a nosotros no nos apoya ninguna editorial o institución, así que la única manera en la que podemos darnos a conocer es mediante ustedes, los lectores. Comparte nuestro link, difunde nuestro pre-lanzamiento ¡Y únete a nuestra tribu! ¡BIENVENIDO!

Aniquilación a dos manos.

Ponerse una pistola en cada mano y levantarlas a cada lado de la sien, por si acaso la primera bala no le atina al cráneo y sale volando a la nariz. Llenarse los bolsillos de piedras antes de echarse al vacío con una cuerda amarrada al cuello, por si acaso la soga no está muy apretada. Tomarse una cápsula de cianuro por si acaso el tren no pasa con demasiada fuerza.

Así de dramático, innecesario y deprimente se suele sentir ser artista y escritora a los 26 años. Pero no todo el tiempo, sólo de a ratos, pero los ratos en los que te ocurre, vaya que la pasas mal.

Esta entrada comenzó con la intención de ser pequeña y amable, porque sólo quería hablar un poco sobre mis miedos e inseguridades, con la esperanza de que le sirviese a alguien el leer sobre ellos y a mí misma, para arrancármelos un rato. Pero después, me di cuenta que no iba a ser pequeña ni amable, sino larga y vulgar, porque no podía hablar de esos temores sin mostrarles las raíces, los trozos de terreno donde se sembraron y crecieron hasta volverse parte del paisaje que es mi ser en su totalidad.

Nuestros miedos no nos definen, pero sí son parte de nosotros. Y como tales, no debemos darles la espalda y pretender que no están allí.

Recuerdo que cuando empecé a hacer obra visual, casi a los finales de mis 16 años y cuando era una mocosa con problemas de personalidad (ahora soy una mujer -más o menos- hecha y derecha con problemas de personalidad), mi padre me dijo que lo pensara bien, que los artistas sufrían mucho. Con el tiempo aprendí que no sólo mi papá tenía razón, sino que, además, soy bien masoquista. Sigue leyendo “Aniquilación a dos manos.”

Cosecha Inusual

Y he aquí el último fragmento de Odisea por cinco tierras y una noche, serie de relatos que escribí inspirándome en cinco obras artísticas mías. Espero hayan disfrutado el viaje, que pronto vendrán más.

-VEN…

Me susurra aquella reina benevolente para después dirigirse flotando hacia la espesura del bosque. Trago saliva a la par que distingo las rojas sedas de su ropaje diluirse entre los árboles, creando un espectro al que debo seguir si es que no quiero perderme en este lejano paraje.

La oscuridad es densa y el cansancio está adormeciendo mis músculos, los cuales ruegan por un minuto de reposo. Un descanso que no me puedo permitir aún,no hasta que tenga un ingrediente más.

Un presagio, una máscara, fertilidad y un hechizo… tan sólo me hace falta una semilla. Agito la cabeza de un lado a otro y emprendo la marcha, trotando sobre mi propia voluntad para no tirarme sobre la mullida hierba a sumirme en un sueño que, en este lugar, sé que podría volverse eterno.

Suspiro. Ha sido una noche muy, muy larga.

Cuando creo que he perdido al fantasma carmesí entre la maleza, la corona resplandece a lo lejos como un faro. Me muevo rápidamente y veo a la emperatriz inclinarse sobre una hierba que sobresale del resto de sus semejantes; de pronto, es como ver al Sol asomándose sobre un bosque minimalista para dar un beso a la Luna.

Sus manos rodean a la semilla, la cual crea un brillo blanquecino que es acogido por sus palmasy que acunan esa luz como si fuese agua. La reina me llama por mi nombre y yo me acerco para recibir el regalo, sintiéndome inmediatamente transformado al tenerlo entre mis dedos. Vuelvo a tener esperanza.

Y ahora sólo resta volver a casa. A él. Y para eso, falta todavía un largo camino.

A unusual harvest

Y sigo soñando.

Odisea por cinco tierras y una noche, 4/5.

No puedo decir con exactitud cuántas criaturas extraordinarias he visto en mi vida, pero sí puedo asegurar que ésta es una de las más peculiares con las que he tenido la fortuna de encontrarme. Ella menea su cabeza suavemente de un lado a otro, haciendo una alusión al viento para que sus ramas no se entristezcan al sentirse encerradas en estas paredes. También ha tenido la generosidad de regalarles una luna y unos cuantos pájaros, pero hay seres que simplemente son muy desagradecidos, por lo que esas hojas malcriadas terminan por oscurecerse, borrando todo rastro de verdor para castigarla.

—¿Eso es todo lo que necesitas, pequeño? —me cuestiona ella dulcemente sin siquiera mover los labios, ya que ha sido su mirada triste la que me ha hecho la pregunta.

Aprieto los labios tímidamente y niego, a lo que ella hace un esfuerzo por sonreír que termina muriendo a medio camino. Sus alas se mueven un poco detrás de su espalda, cayéndose a pedazos como si estuviesen hechas de papel húmedo y perdiendo así, otra parte de sus recuerdos.

Siento una pena terrible y me remuevo un poco sobre mi nube, tratando de deshacerme de esa incomodidad que me ataca cuando recuerdo lo poco que puedo hacer por estas criaturas… que aun cuando moriría por llevarme conmigo a casos como ella, sé que no por nada están destinados a esta larga soledad.

La criatura finalmente termina de escribir y arranca la hoja, cuyo sonido al romperse me catapulta la barbilla.Extiende el papel y lo tomo, para después clavar mi mirada fijamente en aquellas letras carmesíes.

—Sigue soñando, muchacho —la escucho decir, ahora sí abriendo los labios—. Estás muy cerca.

Me levanto de mi nube y camino hacia ella. A pesar de que yace sentada, necesito ponerme de puntillas y estirar el brazo para alcanzar su escalera. Con la punta de mi dedo índice le doy una caricia a la luna que lleva en la garganta, a lo que ella, finalmente, sonríe.

Y sigo sonando

Naturaleza Alusiva

Odisea por cinco tierras y una noche, 3/5


Me siento mareado.La cacería pasada fue compleja, la pelea demasiado larga… y el camino hasta aquí, extremadamente caliente. Por momentos, me pregunto si no he dado una vuelta equivocada o si he entrado por una puerta errónea para terminar en el infierno por equivocación.

Pero al ver de nuevo el sereno rostro de la criatura delante de mí, me convenzo por milésima vez que llegué al sitio correcto; y es que no podía encontrar a la madre tierra en otro lugar que no fuese el centro de la tierra misma, por lo que, asediado por un calor insoportable, termino desprendiéndome de mi sucio ropaje.

Aún semidesnudo y jadeante, la criatura frente a mí sigue tomándose su tiempo. Pero por más desesperado que esté porque me otorgue el fruto de sus vientres y por escapar de este sitio tan candente, no tengo corazón para apresurarla. Debe ser doloroso para una madre desprenderse de sus pequeños. Y en este caso, el dolor debe ser más físico que emocional, por lo que termino echándome al suelo —igual de malditamente caliente— para esperar pacientemente al parto.

Y, finalmente, ella me entrega su humilde tributo. Consciente de mi larga travesía y mi propósito, ella me extiende una pequeña porción de tierra, dejando uno de sus vientres totalmente vacío.

Pero cometo mi primer error, porque en cuanto aquel montículo de fértil tierra se deposita en mis manos, empieza a crecer, y a crecer, y a crecer. En pocos minutos mis pies quedan totalmente cubiertos al igual que la superficie de este lugar, mientras ella extiende los brazos sobre su cabeza, echando su larga cabellera de ramas hacia atrás y haciendo alusión a la figura más arcaica de la naturaleza.

Sus pies se vuelven raíces y se extienden debajo de mí hasta ver cómo ella perece ante mis ojos, transformándose en un árbol que, con su fallecimiento, me brinda el preciado regalo que he venido a buscar.

Naturaleza Alusiva